APAL
    Asociación Psiquiátrica de América Latina



Pronunciamiento de la Asociación Nicaraguense de Psiquiatría en el Día Internacional de la Salud Mental

El concepto de salud mental es una construcción social y cultural, por lo tanto, relativo a cada época histórica y a cada sociedad, aunque, desde una perspectiva de derechos humanos y de una concepción humanística se buscan consensos para definir sus características principales. Desde estas perspectivas, algunas definiciones enfatizan elementos que son considerados como indispensables para conceptualizar la salud mental, por ejemplo:

“La salud mental es la capacidad de las personas y de los grupos para interactuar entre si y con el medio ambiente, de modo de promover el bienestar subjetivo, el desarrollo y uso óptimo de las potencialidades psicológicas, cognitivas, afectivas, relacionales, el logro de metas individuales y colectivas, en concordancia a la justicia y el bien común.”

Por su parte, la Organización Mundial de la Salud, se refiere a la salud mental de la siguiente manera: “la salud mental ha sido definida de múltiples formas por estudiosos de diferentes culturas. Los conceptos de salud mental incluyen el bienestar subjetivo, la autosuficiencia perseguida, la autonomía, la competitividad, la dependencia intergeneracional y la auto actualización del propio intelecto y potencial intelectual, entre otros. Desde una perspectiva cultural es casi imposible definir la salud mental de una manera comprensible. Sin embargo, algunas veces se utiliza una definición amplia y los profesionales generalmente están de acuerdo en decir que la salud mental es un concepto más complejo que decir simplemente que se trata de la carencia de un desorden mental.”

Un modelo holístico toma en cuenta además de los anteriores, conceptos derivados de la antropología, la educación, religión y sociología, y señala 5 áreas vitales de bienestar: Esencia o Espiritualidad, Trabajo y Ocio, Amistad, Amor y Autodominio.

Además, considera doce sub áreas: sentido del valor propio como persona, es decir, de dignidad; sentido del control de su vida, estimación realista de si y de su entorno, conciencia emocional, capacidad de enfrentamiento de la adversidad, capacidad para la solución de problemas y creatividad, sentido del humor, nutrición apropiada, ejercicio físico, sentido de autoprotección, control de las propias tensiones e identidad sexual y cultural.

El número de mujeres, hombres y niños aquejados de enfermedades mentales alcanza la cifra de 450 millones en todo el mundo. De estos, menos de la mitad reciben tratamientos apropiados, a pesar de que existen tratamientos cada vez más eficaces. Otros son víctimas de la aflicción inducida por la violencia, los desplazamientos forzados, la pobreza y la explotación. El abuso de sustancias y otros problemas de la conducta afectan la vida de adolescentes, adultos jóvenes y ancianos. Las mujeres y niños son víctimas de abusos en una magnitud devastadora, que genera efectos negativos sobre su salud mental, muchas veces de una forma definitiva. Los trastornos mentales tienen además un impacto negativo sobre los cuidadores y los miembros del entorno de los pacientes.

Tanto la salud mental como los trastornos mentales son producto de una compleja interacción entre factores biológicos, psicológicos, culturales y espirituales.: en los últimos dos siglos se han producido extraordinarios avances en materia de salud, como lo testimonia el aumento en la expectativa de vida, la disminución de la mortalidad infantil y materna, la erradicación de numerosas enfermedades infecciosas y parasitarias, entre otros indicadores. Sin embargo, esta mejoría es desigual, pues los países pobres como el nuestro aún enfrentan altas tasas de mortalidad infantil y materna, enfermedades infecciosas y parasitarias, además de nuevas epidemias como la del VIH-Sida.

En el campo de la salud mental, una manera de medir los avances* *reside en la existencia de medios de diagnóstico y tratamientos cada vez más efectivos para tratar las enfermedades mentales, uno de los indicadores de salud mental, pero nos enfrentamos a una situación paradójica: a pesar del creciente desarrollo socioeconómico, las enfermedades mentales “clásicas” aumentan su prevalencia en todo el mundo, en parte debido a que son mejor diagnosticadas, la depresión afecta ya a una de cada cinco personas, y al mismo tiempo se asiste a la eclosión de nuevas categorías diagnósticas, de nuevas patologías: trastornos de la conducta alimentaria, adicciones, suicidios, demencias, trastornos de la identidad y de la personalidad, trastornos psicosomáticos, etc.

Las nuevas patologías muchas veces impactan en la adolescencia y la vejez. Estas se han visto favorecidas por los efectos del desarrollo tecnológico, económico y social; más la globalización, y la mayor expectativa de vida se han acompañado de una carga creciente de enfermedades crónicas y de problemas sociales y del comportamiento. El aumento de estos problemas se debe, por una parte, a que un número cada vez mayor de personas alcanza edades avanzadas, cuando las enfermedades crónicas como artritis, problemas cardiovasculares y demencias son más prevalentes. Por otra parte, este aumento también se debe a cambios en la dieta, patrones de ejercicio físico, patrones de consumo de alcohol y otras drogas y otras prácticas no saludables.

La salud mental está estrechamente relacionada con el desarrollo humano y la calidad de vida, la que de ninguna manera es óptima cuando existen altas tasas de desempleo, bajos ingresos, limitaciones en la educación, condiciones de trabajo estresantes, discriminación de género, estilos de vida inapropiados y violaciones de los derechos humanos. Para nuestro país, se deben mencionar además, como factores condicionantes de la salud mental de la población nicaragüense, los efectos de la pobreza, la violencia intrafamiliar, las migraciones, la guerra de los ochenta, la polarización política, el impacto de los desastres naturales, las desigualdades regionales, la carencia de espacios para recreación y esparcimiento, el asfixiamiento impuesto por la sociedad de consumo en un país con las necesidades básicas insatisfechas.

Nicaragua no está en condiciones de responder a las necesidades crecientes de salud mental de la población, que siguen la tendencia ya señalada de aumento de las enfermedades clásicas más las nuevas patologías: no tenemos estudios epidemiológicos que muestren el estado de salud mental de la población pero conocemos del aumento de trastornos en la niñez, la adolescencia y la tercera edad, además del aumento de patologías sociales relacionadas con la violencia social y de género y las nuevas adicciones, y si bien la mejoría de la salud mental implica un trabajo multisectorial, en todos los países de mundo es el Ministerio de Salud quien tiene la responsabilidad de liderar y organizar políticas, programas y acciones. Sin embargo, en nuestro país no se tienen ni Políticas ni un Programa de Salud Mental ni equipo responsable de programa, ni oficina responsable, y las mínimas iniciativas mejorar para algún servicio y de capacitación del personal no se cumplen. Es más, a lo largo de los últimos 19 años, hemos asistido al desmantelamiento progresivo del incipiente programa de salud mental iniciado en la década de los 80, incluyendo la atención en Salud Mental Infantil.

Desde 1990, tanto la Organización Mundial de la Salud como la Organización Panamericana de la Salud, han desarrollado iniciativas tendientes a mejorar las políticas públicas de salud mental en América Latina. En ese año se desarrolló en Caracas una Conferencia continental de expertos de salud mental que elaboraron la Declaración de Caracas cuyo objetivo principal era promover el respeto de los derechos humanos de los pacientes psiquiátricos y la descentralización de los servicios de salud mental para superar la concepción asilaria y asegurar el tratamiento en dignidad para las personas aquejadas de trastornos mentales, cuyos derechos más elementales son vulnerados en todo el mundo por la inexistencia de programas de salud mental coadyuvados por las concepciones estigmatizantes que las sociedades tienen sobe la enfermedad mental.

A la Declaración de Caracas han seguidos las Resoluciones de los Consejos Directivos de OMS/OPS de 1997 y del 2001, más la Conferencia Regional para la Reforma de los Servicios de Salud Mental realizada en el 2005, en las cuales se han establecido marcos referenciales para la planificación y desarrollo de programas de salud mental, de acuerdo a prácticas basadas en evidencia. El Estado de Nicaragua es signataria de todas esas convenciones y acuerdos pero no cumple ninguno de ellos, dejando a la deriva la atención en salud mental.

En ocasión de la celebración el 10 de Octubre, "Día Mundial de la Salud Mental" instituido precisamente para recordar a los estados y a la sociedad su deber para la promoción de la salud metal y el respeto a la dignidad de los enfermos psiquiátricos, la *Asociación Nicaragüense** de Psiquiatría*, ejerciendo su misión de contribuir de manera propositiva a la solución de los problemas de salud mental, y a la promoción de la misma, insta a las autoridades competentes, a las asociaciones de profesionales de la salud, a las asociaciones de pacientes y familiares de pacientes, a las escuelas de medicina, a los organismos de la sociedad civil, a los organismos de derechos humanos y a personas solidarias, a desarrollar un esfuerzo conjunto para dotar a la población de nuestro país, de un Programa Nacional de Salud Mental que responda a nuestras necesidades, y que incorpore todas las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y de la Organización Panamericana de la Salud.

La Asociación Nicaragüense de Psiquiatría se compromete a participar de esta iniciativa con todo entusiasmo y beligerancia. Comunicamos a toda la opinión pública nuestra intención y dinamismo para emprender actividades en conjunto con otras organizaciones públicas y privadas para crear consciencia, tolerancia y solidaridad hacia todo lo que comprende las enfermedades mentales. Pretendemos servir como marco referente a los legisladores para que se trabaje en la elaboración de leyes que destierren la estigmatización y favorezcan la inclusión de personas con discapacidad mental en las actividades sociales y productivas.

JUNTA DIRECTIVA ANP


© 2009 - Copyright by APAL